Oviedo...
Desde la última vuelta del camino. Memorias (VI)Pío Baroja
Ya al llegar a la parte baja, en tierra de Asturias, vamos con rapidez, y a poca distancia de Oviedo el auto, cansado de tantos vaivenes y traqueteos, se para.-¿No podremos llegar? -le pregunto al chófer.-Sí; creo que sí.Efectivamente, por la noche llegamos a Oviedo.Oviedo, hermosa ciudad, con un parque frondoso en el mismo centro, una gran catedral y esas dos iglesias primitivas en los alrededores: Santa María de Naranco y San Miguel de Lillo, es una ciudad atractiva.En Oviedo, por la mañana, mientras revisan y ponen el auto en punto, me dedico a la inacción y la pereza.La muchacha de la fonda canta, mientras arregla el cuarto próximo:
Sí se va la paloma
ella volverá,
si se va la paloma
ella volverá.
No se va la paloma, no.
No se va, que la traigo yo.
No me disgustaría vivir así; una temporada corriendo por los caminos, otra dedicándome al comentario y a oír si la paloma vuelve o no. Me llaman. El chófer necesita todavía una hora para arreglar el auto. Me levanto y salgo de casa. En Oviedo doy una vuelta por el Campo de San Francisco y me encuentro a un conocido, que me lleva a una bodega, en donde me ofrecen sidra echada en un vaso desde una altura de dos metros para que haga espuma. Me parece un ejercicio de prestidigitación. Pienso luego en mi reportaje.








